“el tiempo es una cosa que puede ver, pero no tocar. Y todo lo que ve esta desenfocado e indistinto” Wong Kar-wai
El tiempo de la diegesi (relato, relato del griego dia ..a través y egueomai..Conducir, guiar una narración opuesto a mimesis representación directa) es mi pasado, la ambientación de este periodo explorado como un cuadro bien delineado, de años salvajes, años extraordinarios, en una nostálgica ciudad iridiscente y caleidoscópica.
Mi reevocación termina por ser la recreación de un tiempo transfigurado en mi memoria, actualizado no a través de los trastornos histórico políticos que turbaron aquellos años, sino a través de la esfera de mis sentimientos y emociones privadas; conservando la inocencia y un sutil moralismo. Mi sentimentalidad es una tocante reminiscencia que me sirve para inducir un comportamiento moral. Mi pasado viene revivido y releído con el filtro de los recuerdos, logra atrapar la atmosfera del tiempo, nostálgico y estático, en el cual un gesto aunque mínimo, prevalece sobre la palabra, en el cual una mirada alude a una mano que rozas. Es quizás un tiempo disuelto para siempre, que se quiere dejar a las espaldas demasiado rápido. El estado de ánimo en el que se ahogan cada imagen es la nostalgia. Hablan de un pasado aún demasiado vivo en mi mente, mitificado y transformado en arquetipo. El pasado comporta la añoranza, nostalgia de un tiempo abolido, olvidado, expresa todo lo que hubiese podido ser y no ha estado.
La reminiscencia de no vivir en el paisaje y el tiempo que mi recuerdo evoca. En fin de cuentas, revelan el deseo de algo diferente del instante presente, un anhelo lánguido e ineludible, tormentoso, percibido como inaccesible, una perdida irremediable: el Paraíso; la nostalgia poblada de individuos perseguidos de recuerdos, como si su historia, no pudiendo ser mas reescrita, continua asediándolos, sepulta en lo más profundo de sí mismos. Mi inadecuación hacia el presente indica aflicción, una saudade. La conciencia melancólica que el presente está a punto de deshacerse, de no existir más. Entonces si el presente es ambiguo y elusivo, no resta que recorrer un tiempo de sueño. Una época de oro en la que se era de verdad feliz. El paraíso Perdido, que viene mitificado de los ojos desencantados de quien se ha sumergido en un escuálido hoy. El pasado se materializa a través de los sentidos, aflorando en mis recuerdos, poblados de figuras simbólicas. En imágenes cristalizadas en un momento sin tiempo ni espacio, esos años constituyen entonces la edad de la inocencia, el lugar de unión primordial, alvéolo protector que deviene al mismo tiempo, lugar de infinitas posibilidades y de apertura al mundo, una diegesis en ralentí, un fotograma congelado, un tiempo progresivo que al final su mecanismo pareciera girar sobre sí mismo. Repitiendo la secuencia precedente, re propuesta con ligeras variaciones del punto de vista, el dialogo o la entrada en campo, estas situaciones cíclicas devienen sistemáticas, aplicadas con rigor.


